Nos venden Garoña y el ‘fracking’. La cara más oscura de la luz.

No se habla de otra cosa en estos días. Los máximos históricos del precio de la electricidad harán que las facturas suban, de media, 100 euros por línea contratada.

¿Qué podemos hacer para defendernos?

Ríos de tinta impresa, horas de debate televisado, decenas de programas de radio y multitud de comparecencias políticas tratan de arrojar luz sobre lo que ocurre con las facturas eléctricas, a cuyas cifras las compañías del ramo parecen arrojar levadura. Los precios crecen sin control y los informativos no hacen más que alertar de nuevos repuntes históricos. Ni los expertos en desencriptación avanzada parecen dar con las claves para desentrañar una factura de la luz y la población se echa las manos a la cabeza cada vez que piensa en el próximo recibo. Mientras, los responsables del Gobierno tratan de aclarar la situación explicando que como ni llueve ni hace viento, los aerogeneradores y las presas no producen y hay que echar mano del gas para echar a andar las más que deficitarias centrales térmicas. Demasiadas ideas para tratar de comprender, de forma sencilla, a qué nos enfrentamos y qué podemos hacer para ahorrar en la factura. Koldo Navascués, presidente de la Asociación de Personas Consumidoras y Usuarias Vasca, EKA/ACUV, ilumina el camino y aporta cordura a la controversia.

En las últimas semanas, “centenares” de consumidores están contactando con la asociación. No para presentar reclamaciones, ya que como aclara Navascués “no hay ninguna reclamación que hacer, se nos impone un precio y punto”, sino para solicitar información. ¿Qué hacer para ahorrar? Lo primero para lograr el objetivo consiste en aclarar los conceptos básicos y centrarse en lo importante.

Existen dos tipos de tarifas: la regulada y la libre. En la primera, las eléctricas se ven obligadas a aplicar el precio que se les impone y en la segunda, habitualmente sazonada con numerosas ofertas y llamativos descuentos, las cinco compañías que componen el oligopolio de la luz fijan el precio que quieren. Es fácil deducir que las empresas hacen todo lo posible para atraer a los clientes hacia el lado oscuro del mercado libre.

“Las eléctricas se han preocupado de comunicar rápidamente que a sus clientes no les afectan estas subidas de 6 o de 15 días al año. Claro. No les afecta esa subida, pero lo que no dicen es que están pagando por encima del precio de venta del pequeño consumidor -tarifa regulada- durante los 350 días restantes”, arranca el presidente de EKA/ACUV.

Actualmente, el 52% de los clientes “domésticos” se encuentra en el mercado libre. Es decir, que paga más de lo que, según advierten los expertos, debería. En julio de 2013 se modificó la regulación del mercado y todos los clientes de las compañías pasaron a formar parte del grupo de tarifa de último recurso, es decir del mercado regulado. “Evidentemente, esto no les gustó a las eléctricas y durante estos últimos años se han encargado de ir sacando de ahí a la gente. A veces con muy malas prácticas comerciales, incluso engañosas”, repasa el portavoz.

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Los últimos análisis comparativos sostienen que las tarifas reguladas siguen siendo más económicas que las libres, si bien es cierto que al principio, habitualmente durante el primer año del contrato, los descuentos aplicados consiguen reducir un poco las distancias. “Una vez que ha pasado el año -avanza Navascués-, te dicen que te van a cobrar el kilovatio hora a 0,15 euros y como tampoco tienes referencias, te parece bien, cuando la realidad es que el precio regulado puede ser de 0,11 en ese momento. Eso sí, no sabemos cuánto durará la tarifa regulada”. Por todo ello, lo que recomienda EKA/ACUV a los usuarios es que soliciten cuanto antes a sus compañías un cambio a tarifa regulada, “algo que están obligados a hacer si se les pide y que es totalmente gratuito siempre y cuando no se cambie la potencia instalada”.

“El problema no son sólo los precios, también lo es la opacidad. ¿Sabe alguien a cómo se compra el metro cúbico de gas de Argelia? Debe de ser un secreto de Estado, porque a partir de ahí cualquiera podría hacer el cálculo sobre los márgenes que tienen, los costos y demás. Si no disponemos de esos datos no podemos saber si se está manipulando o no el sector”, ilumina.

En nombre de la asociación que preside, Navascués no aconseja a los usuarios sumarse a las hoy tan promocionadas compras colectivas de energía. “Lo hemos estudiado y al final no resultan, sin más”, precisa. Lo que sí recomiendan es unirse a las cooperativas de energías renovables, una alternativa más verde, cívica y que, según el experto, sale a cuenta a la hora de abonar los recibos.

En el caso particular de EKA/ACUV, animan a sus asociados a entrar a formar parte de Goiener, una cooperativa que cuenta ya con más de 5.000 participantes. Al margen de ofrecer siempre el mejor precio posible, garantiza que toda la energía que comercializan es verde.

Además de sumarse a este tipo de iniciativas, Navascués recomienda revisar la potencia que tenemos instalada en nuestro hogar, ya que si es excesiva y podemos reducirla, lo notaremos en la factura. “Si tenemos contratados 4.400 y los bajamos a 3.300 -apunta- ya obtendremos un ahorro de unos 6 euros al mes. El cambio a menos sale por unos 11 euros IVA incluido, pero hay que tener cuidado porque subirlo cuesta 50 euros”.

Ante los repetidos anuncios de picos en los precios, el presidente aclara que “sube ese día y en una franja horaria determinada, no es que suba todo el mes”. También aporta otro pequeño detalle sobre otra de las novedades impuestas recientemente por el mercado energético. “En teoría, existe un agravio comparativo entre los usuarios que tienen contador digital y los que permanecen con el analógico. Se supone que a los que tienen el digital se les ajustan los consumos a los costos horarios, aunque luego hacen una media diaria y mensual, exactamente igual que con los usuarios de contadores analógicos. En realidad, no tenemos ni idea de cómo nos están cobrando porque la factura no detalla los cálculos hora a hora”, concede.

En cuanto a la labor de descifrado de las facturas, Navascués explica que contiene términos tan genéricos que no se sabe muy bien a qué corresponden. Sin ir más lejos, la “potencia facturada” es un coste fijo que marca el Gobierno para todo el año y que incluye lo que se denominan “peajes”. “Estos peajes tienen siete u ocho apéndices: el déficit tarifario, el precio del carbón, la moratoria nuclear, Ceuta y Melilla… Al final, las normas las dictan las eléctricas y el Gobierno las firma”, manifiesta.

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